Escapa lisa la incógnita
¡Qué inmensa se reclama!
A la meseta abierta a las sales
Al vapor que disuelve el frío
en reina solitaria
Héroe por nacer sola
Se flagela
En mis puntos cardinales
La angustia
Perdida
En la nebulosa de una voz
Las gargantas, rotas por el rocío espinoso, me agrietan
Mi verde sensación
Se refleja
En una canción triste
Rodeado de un paraíso
Transformado en abierto infierno
De los días mudos
Y mis fantasmas
Cuentan gotas en la lluvia
En una infinita ronda
Punteadas por el pánico de mis dedos
En mi cuerpo amaso el desnudo
Donde reposa también inerte
El rojo suelto de una boca maldiciéndome
Anunciando sueños nébulos
De otros mundos
TODOS TUS VESTIDOS ME CUBREN DE ABRIL EN NOCHES QUE ALARGAN
MI EXISTENCIA BRILLANDO EN EL ALBOR DEL VIEJO SOL TRANSLUCIENDO EL VUELO DE MI ALEJADO MARTIR PERPETUO DESEO DE AHOGAR MI ALMA EN TU AGUA
Marta, me he atrevido nuevamente a escribirte desde mis campos de Marte: ¿Escucharás hoy mis gotas? son para ti.... El frío me acorrala. Me pregunto porque me atraen los rincones, esos
lugares donde apenas sobrevive un hilo de luz, tan alejados de los espacios
nítidos y diáfanos. Tan alejados a la exposición de un mar de ojos (algunos tan tenebrosos) intrigando en su
océano irreverente. Dicen que es mi perfil oscuro de
la vida, el sombrío lugar donde se esconde y se prepara la muerte. Quizás aún
me sienta dueño y deudor del milagro de la placenta, del único modo sobrio de
vida, inspiración del único ser. Pero siempre me ha absorbido esa intrigante soledad que
ampara los recónditos rincones, accesibles solo para mi diminuta
mirada. Y es allí donde mis miedos desaparecen y mis dudas se esclarecen. Es
allí donde me encuentro a mí mismo. En los huidizos rincones. En la habitación desnuda.
En realidad, ellos me tapan y me esconden, me protegen de mi falta de valentía.
Me acorralan en su caja de misterio.
Pero ellos me ofrecen un gran privilegio: me permiten mirar a la cara de la
soledad. A su íntima belleza. Donde surge una voz que se asoma y me habla. La misma que vive
en mi interior. Un fondo de paz del que se aleja hasta la propia muerte....
Hace tiempo que rozo el castigo con las yemas de mis dedos.
Escrutando entre la inmóvil niebla el vestido que ahora llevas: tan blanco y
frío como cualquier invierno de esta tierra.
Y te haces visible al excelente día que siempre camina por detrás de mí, siempre. Pero me aparto de su coraje como de la peste negra.
Tengo miedo de mi anciana musa, salpicando con rezos mi nombre. Ya no soy su
hombre. Soy su cuerpo y su verdugo, asestando golpes de odio que transporta lo
invisible. Viajan hasta su dulce cuello, dibujando remolinos entre las perlas
de su angustia.
Hace tiempo que escucho un sentido crujir en las cascadas del manso río, en los secos pétalos
del Oeste. El maravilloso lago ya no espera el bullir de mis pisadas; las percibe
lejanas, evaporándose con el alma que descarna. Soy polen cribado entre las
hojas de un libro maldito. Señor de sus hojas impares. Asesino del ciervo del
averno con mis trémulos malabares. Donde descansamos del angosto lugar.
¿Por qué me persiguen las posesas luminarias, sabiendo que
ya no vivo?
¡Que ya no existo! ¡Creedme!
Yo he muerto en dos vidas, cubierto de difamadas heridas,
encubierto por mis solitarios bailes.
Tal vez, un murmullo transforme mi lejanía en eco. Adivinando el
bullicio que me arrastra. Calando profundas las goteras de la casa donde ya no
habito.
Noche sin principio y sin final
Reconozco mi rostro en el asfalto liso de su oscuridad. Mi pecho se alarga entre
su umbría
Prisionero en las raíces de este árbol hueco del hermetismo. Tan sigiloso como
un viento sordo
Mis alas negras no han conocido suelo pero siempre escucho la pisada del pie
desnudo que marca un final
Soy prisionero de mis costillas, de mi afilado pico, de mis propias alas. En mis
dos vidas y de mis dos muertes
Os veo en un holograma saltarín. Y avanzáis como yo, sin nombre escrito
Tan solo soy una novela
Vuestra propia novela
No os veo. Os cierro mis ojos cuando duermo y cuando os mato. Me oculto impermeable
El miedo es mi interior, son mis venas. Licuándose en mi mirada
Y mi canto agitado, trino perseguido, sonando entre las sombras del más viejo
lugar
ALGO ME ADVIERTE DE TU LLAMADA
CUANDO TE PRESENTAS ANTE MÍ, SIN FORMA
CUANDO TE PROPAGAS EN TU DESTELLO INFERNAL
CUANDO DESAPARECES, EN LA LEVEDAD DEL SUEÑO
SÉ QUE ESTÁS Y ERES PESADILLA
SÉ QUE ABRAZAS MI HALO ASUSTADO
CON EL MÁS SORDO DE TUS SONIDOS
EN EL FIERO INSTANTE DE LA NOCHE
VÉRTIGO
don dumas
Entre el vacío y la nada,
SOY nada y SOY vacío, ALLÍ te encuentro....donde estás TÚ
Un pequeño espacio separa mis zapatos del balanceo del
terreno. En el encuentro mi distancia.
Mientras, unas voces suenan
en mi tocadiscos. Se arriman a mi atmósfera con sibilinos gritos. La
distorsión y el sonido se mezclan en las cavidades de la cueva. Elásticas
sensaciones bombardean con sus duelos. No hay huesos que no lo sientan. Pero el
espectro solo me señala a mi……
Y me sorbe la ansiedad por escribirte, de apoderarme de tus ríos de espíritu. De tu propia alma acariciando tus ojos en el dormitorio de una esperanza que no duerme.
Créeme si te digo que te quiero y ya no vuelvo
Créeme que en algún lugar de mi existencia yo te espero