Imperio de rosa negra
anudados pétalos de la noche
No espero tu incendio en mi aturdida oscuridad
solo la fiebre de la destrucción
en las domesticadas inquietudes
de una dama de ojos negros
El fulgor de tus manos
aún siembran mi tierra
con sombras de visible calma
La belleza,
cual fantasma abandonado, nos escucha
a la luz de las asomadas lunas
de siete rostros, de agridulce despertar
y ausencia de labios carmín
Nuestros cabellos asoman entrelazados
en el aire de un frío devenir,
aire arrastrado en la siniestra música de fantasma herido
aire que nos envilece
Amor rebelde y serpenteo gris
nos dibujas entre sucias palabras, asombros,
y gritos de poema,
en las habitaciones profundas de los fuegos
entre huecos somalíes y vestidos caoba
al placentero aroma Versallesco
¡Amaneció mi ser sencillo!
don dumas
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