Mi infesto chasquido
mi monstruo dormido, santo que
comes días
¿me vendes tu alma?
Necesitaría el agua de tu lluvia
apoteósica y deslumbrante
endulzando mi desbordado camino
Pero soy alambre pisando barro
de alargadas frases en el desconcertante sombrío
Esta apócrifa tierra me acogió, sarcófago en viejo adorno,
abandonado al sacrificio,
bajo su polvorienta vírgula
Descanso en mi joven idiota
¡tanto veneno sobre él! lo hice mío,
maldigo su amargor impregnando mis ideas maduras. Ahora sé que el dolor no es tan solo una palabra...
Y las cartas entre sus manos es sufrimiento, tan espeso, brilla en la ciega
hoguera,
posa manso ante las llamaradas del coloso,
invisible bajo las ciénagas de mis pestañas
Pálidas las gárgolas, besan mi
frente
desnudando mis agujeros negros
con la profundidad del desconcierto
La verde esperanza anda lentamente
ella espera descalza, adonis danza,
adelgazada bajo el temblor de su vestido escotado
Ha caído el hombre
dormito en sus rezos persas
¡ha caído! escucho entre voces cosidas al espanto,
y ahora el animal, habita en mi nombre
extraviado a las sentencias de dolor
Su perfume me desgarra,
¡oh! triste canción, devuélveme al paraíso,
a sus lagos de dientes de peces
Trázame sol, alejado del abismo

