No me canso de buscarte entre los amasijos de sombras que pueblan estos infinitos ¡La destrucción! un punto, un nimio y sencillo punto, el que abrasa y contiene la inmensidad de las verdades, donde los huesos se rompen tras el paso del tiempo, frágiles, como una gota en la tormenta
Espero con la velocidad de este mundo inquieto, en el paisaje del niño destruido ¡oh Dios! en mi sol... el caballo duerme de pie